Manuel Rivero Pizarro


Manuel Rivero Pizarro, probablemente no muchos lo recordarán por su nombre, pero si hubiéramos escrito Manolo “el gordo” Manolo “del Flecha”, seguro que ahora si son muchos los que recordarán de quién hablamos y seguro que también a la mayoría de ellos su recuerdo les habrá despertado una sensación de paz y buena armonía.

Manolo, era una persona sencilla y humilde, su derroche de cariño hacia los niños, sus niños, lo convirtieron en el alma del Flecha durante más de treinta años. 

Alma que aún continúa viva en el recuerdo de todos los que tuvieron la suerte de conocerlo, jugadores, entrenadores, directivos, rivales, estamentos como la Federación Extremeña de Fútbol o el Ayuntamiento, todos ellos aún recuerdan al bueno de Manolo. 

Quizás existan, pero no conozco a nadie que dedicase tantas horas y pasión a una afición de forma altruista sin recibir dinero ni sobres como aquel orondo y entrañable pintor de brocha gorda que vivía para enseñar todo lo que sabía de fútbol a adolescentes barbilampiños y soñadores.

Hace casi 22 años que nos dejó, la vida, el mundo y como no el fútbol han cambiado mucho durante estos años. 

Lejos quedan ya aquellos niños que jugaban sin pagar, que entregaban cada viernes la equipación de juego en el bar restaurante 101 para conocer la hora del partido del fin de semana, lejos quedan ya aquellos entrenadores que pagaban de sus bolsillos si era necesario las botas de algunos de sus jugadores para que pudieran jugar. 

Lejos quedan ya los campos de tierra empedrados, los balones de cuero pesado y las botas “marcos”, lejos quedan ya las duchas de agua fría tras los entrenamientos y los paseos hasta los campos de la Federación con calor o lloviendo.

Lejos quedan ya los limones en los descansos, la casa de la calle Santo Domingo donde se preparaban las equipaciones cada fin de semana, lejos quedan ya tantos recuerdos inolvidables.

No fueron tiempos mejores, ni peores, fueron tiempos diferentes, y para los que conocemos el mundo del fútbol base en la actualidad, echamos de menos muchas personas con el alma de Manolo.

Mi agradecimiento a Jesus Ferrer y Fale Rivero por la información y la fotografía que acompañan esta página. 

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