Rafael Menacho y Tutlló nació en Cádiz el 22 de mayo de 1766 y falleció en Badajoz el 4 de marzo de 1811. Fue un heroico mariscal de campo célebre por liderar de forma inquebrantable la defensa de la ciudad de Badajoz frente a las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia Española. Su prematura muerte en combate provocó la posterior capitulación de la plaza, convirtiéndolo en un símbolo nacional de resistencia y fidelidad militar.
Nació en el seno de una familia de tradición militar en Cádiz, cuyos padres fueron los gaditanos Benito Menacho-Fajardo y de la Parra y Francisca Tutlló de Fajardo y Guzmán, los cuales tuvieron otro hijo mayor llamado Pablo. Contrajo matrimonio en Cartagena con María Dolores Calogero, con quien tuvo seis hijos, María del Carmen, Asunción, Benito, Tomás, Rosario y Antonio.
Recibió sus primeras enseñanzas en Cádiz, en casa de sus padres, donde aprendió Gramática, Lengua Francesa y Filosofía, pasó luego a la Academia Militar de El Puerto de Santa María, donde realizó, entre otros, los estudios de Matemáticas Superiores y otros estudios militares. Alcanzó numerosos cargos hasta su ascenso el 23 de septiembre de 1810, cuando fue nombrado Mariscal de Campo, Gobernador Militar y Político de Badajoz, así como General de la guarnición con facultades en todas sus jurisdicciones. El General Menacho organizó una defensa formidable y carismática durante el asedio del Mariscal Soult, rechazando sistemáticamente las propuestas de rendición enemigas.
Desde el 30 de enero de 1911, comenzaron los sitiados en Badajoz, a hacer salidas de la plaza, con objeto de impedir ó desbaratar las obras que emprendían los sitiadores para apretar el cerco, aquellos actos de temerario arrojo, aún costando muchas vidas, estrecharon los lazos entre militares y paisanos, porque juntos arrostraban los peligros y daban mutuas pruebas de intrépida resolución á defenderse, adquiriendo así confianza en el triunfo.
Cuando el 7 de febrero, se realizó la tercera salida, para desalojar a los sitiadores, subió como acostumbraba al muro, para dirigirla y protegerla con sus acertadas disposiciones, una bala de fusil le hirió en el muslo derecho. Ocultó esta novedad, para que no desmayara el ánimo de los sitiados, viéndole como siempre acudir a los sitios de más peligro y dictar las más acertadas disposiciones, que a cada paso eran indispensables.
No obstante la herida que recibiera el General Menacho, sobreponiéndose a los dolores que experimentaba, siguió en el gobierno de la plaza, recorriendo con frecuencia las murallas, hasta que habiendo sobrevenido la inflamación de la pierna, se vio obligado a guardar cama.
Bien pronto se echó de menos su presencia sobre el muro, cuando los enemigos tenían practicada la brecha en la cortina de la muralla, entre los baluartes de Santiago y San Juan, pues a los tres días de hallarse postrado, le manifestaron algunos oficiales y vecinos amigos suyos, que la tropa y el pueblo estaban descontentos con no verlo mandar. No fue preciso más, para que volviera a tomar el mando de la plaza y se hiciese conducir sobre la muralla, ayudado de sus ordenanzas y apoyado sobre el sargento Hilarión Giral.
Inmediatamente dispuso la cuarta y última salida, que verificaron los sitiados, con número corto de defensores, apoyado por las Compañías de Granaderos de todos los Cuerpos de la guarnición, para clavar la artillería y destruir el Fuerte de Pardaleras, y cuando Menacho presenciaba desde el Baluarte de Santiago, el estrago que en las líneas francesas causaban los valientes granaderos, una bala de metralla le penetró, dejándolo mortalmente herido, en la tarde del 4 de marzo de 1811. Después todavía habló siete minutos, lamentando no poder ser ya por más tiempo útil a la patria.
Sin su liderazgo, la moral de la plaza se hundió y Badajoz se rindió pocos días después, él perdió la vida antes que la plaza. Actualmente, sus restos descansan en una tumba de honor en el claustro de la Catedral de Badajoz, donde cada año el Ejército de Tierra rinde honores a su memoria como uno de los grandes héroes de la contienda.
La ciudad de Badajoz rinde homenaje a su memoria a través de tres monumentos y otros lugares con su nombre que hacen recordarlo siempre.
Mausoleo ubicado en el recinto amurallado de la ciudad, concretamente en el Baluarte de Santiago, este mausoleo fue erigido originalmente en 1893. Conmemora el punto exacto donde tradicionalmente se ha fechado su muerte.
Tumba y Cripta en la Catedral de Badajoz, en ella fue enterrado discretamente en una cripta del panteón de canónigos de la Catedral de San Juan Bautista. Se hizo en secreto y sin inscripciones iniciales en la lápida para evitar que las tropas de Napoleón profanaran sus restos al tomar la ciudad.
Estatua en la Avenida de Huelva, es el homenaje monumental más reciente y espectacular de la ciudad. Se trata de una imponente escultura de bronce de casi 3 metros de altura, colocada sobre un pedestal de granito de 3,5 metros. Muestra al general en una actitud heroica sobre la muralla, espada en mano, instando a sus tropas a resistir.
Además de estos reconocimientos, la huella del General Menacho sigue muy viva en la ciudad, dando nombre a la principal arteria comercial peatonal del centro que es la Calle Menacho y a la base militar del Ejército de Tierra en Bótoa, la Base General Menacho.
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