Las Antigüinas, las Sras. Concha y Luisa

Las Sras. Concha y Luisa eran dos hermanas que supuestamente vivían de la venta de chucherías, bolíndres, chicles, pipas y demás golosinas para los niños, eran muy aficionadas a guardar muchas estampas religiosas, las cuales solían regalar a sus vecinos, en su casa no disponían de camas y dormían en un colchón. 
Eran dos buenas mujeres a las cuales la vida no les trató muy bien, servían de regocijo para esos niños y no tan niños, que les gritaban de forma reiterada "antigüinas", "antigüinas" esperando una réplica de ellas y al instante, salían corriendo calle arriba o calle hacia abajo. 
Ellas eran buenas personas y no se metían con nadie, tan solamente se alteraban por esa burla que los chavales les hacían, pues si no se metían con ellas no decían nada a nadie, ya que aunque no lo parezca, eran bastante educadas y buena gente. 
La mayor de ellas se llamaba Concha y arreglaba relojes, fue la primera que falleció de las dos y fue enterrada en el cementerio de San Juan por un tío que era sacerdote de la Catedral, más tarde cuando falleció Luisa que era la menor de ellas, ya había fallecido su tío y no pudo ser enterrada, parece ser que su cadáver estuvo unos días solo en su casa, y su cuerpo cuando fue recogido lo entregaron a la Universidad para los estudios de los alumnos de medicina. 
Existen ciertos bulos sobre ellas que al parece no son  ciertos, como que se defendían tirando orines a la calle, otros dicen que era simplemente agua, también se decía que se encontró bastante dinero en efectivo en su casa, y que vestían de negro, cuando sus vestidos eran de color beige, quizás el de Concha la mayor era un poco más oscuro, es posible que vistieran alguna vez que otra de negro, pero no era corriente que lo hicieran. 
Es cierto que los ancianos son regañones y coléricos, pero hay que pensar, que burlarse de ellos es lo mismo que atropellarlos, insultarlos, y como ellos carecen de fuerza para pedir una satisfacción, resulta que los burladores son unos cobardes a los que les hace falta además de un buen escarmiento, una buena educación. 
Este es mi recuerdo para aquellas pobres mujeres, que bien por su manera de ser o por su forma de actuar fueron objeto de burla de toda una generación. 

Mi agradecimiento a Encarna Tena por los datos proporcionados para la elaboración de esta página.  
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